24.7.11

Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas

                                  
Tanto la quería que tardé en aprender a olvidarla diecinueve días y quinientas noches. Dijo hola y adiós y el portazo sonó como un signo de interrogación. Sospecho que así se vengaba, a través del olvido, Cupido de mí.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario